Un Google de 1910

Como soy historiador, aparte de “Google Humano”, no puedo dejar de contaros esta asombrosa historia que acabo de descubrir sobre un “Google” pionero: Mundaneum.

Mundaneum fue el intento de dos visionarios belgas, Paul Otlet y el abogado y político Henri La Fontaine. Cuando nadie siquiera intuía la revolución tecnológica y social que supondría Internet, ambos pusieron en marcha una iniciativa que podríamos considerar como el tatarabuelo de Google, Yahoo! y los buscadores. Entre 1895 y 1930 un enorme equipo de personas redactaron, clasificaron e interrelacionaron más de 18 millones de fichas, cada una con información precisa y detallada, con objeto de clasificar y organizar todas las publicaciones aparecidas durante toda la Historia, en todos los países y relativos a todas las materias. Las fichas se almacenaban en armarios formados por pequeños cajones que aún hoy se conservan.

Antes de conocer a La Fontaine, Otlet ya había imaginado

“una máquina para el trabajo intelectual, soporte de una enciclopedia total y colectiva que refleje el pensamiento humano y la materialización gráfica de todas las ciencias y de todas las artes. Todos los pensadores de cada época colaborarían en su creación, y el resultado sería un esfuerzo intelectual conjunto … La mesa de trabajo dejará de estar llena de libros. En su lugar habrá una pantalla y un teléfono. Allá, a lo lejos, en un edificio inmenso, se almacenarán todos los libros y toda la información, y con una llamada podremos solicitar cualquier página para verla en la pantalla”.

Otlet y La Fontaine trataron de llevar a cabo la idea, e incluso de hacerlo más ambiciosa, recogiendo la información contenida en todos los libros publicados durante toda la historia, y hacerse con revistas, periódicos y fotografías que las bibliotecas desechaban. Su trabajo dio como resultado, en 1910, al Mundaneum. Construido en el Palais du Cinquantenaire de Bruselas, la biblioteca llegó a albergar millones de entradas, organizadas en pequeñas fichas. Otlet habló, incluso, con el arquitecto Le Corbusier en 1929 para construir un edificio gigantesco en Ginebra aunque jamás llegó a construirse.

Muchas de las fichas de Mundaneum aún se conservan hoy en el museo de Mons (Bélgica)  donde explican que las intenciones de Otlet era crear un vasto equipo de catalogadores que analizaran cada información que les llegara. “Este nuevo entorno permitirá mucho más que consultar documentos; les permitirá anotar la relación entre los elementos de los documentos para formar lo que se podría llamar un Libro Universal”, escribió el investigador. Los alardes de Otlet no se quedaron solo en esto. Unos pocos años antes de la entrada de los alemanes en Bruselas, Otlet diseñó un sistema mediante el cual todos los libros, documentos escritos, imágenes, películas y audios estuvieran interconectados entre sí. En realidad, Otlet creó una protoweb basada en una red de telescopios eléctricos, como él los denominaba, que permitían navegar entre millones de referencias en bases de datos conectadas por líneas de teléfono.

Otlet, incluso, describió cómo los usuarios podrían enviar mensajes, compartir ficheros o congregarse en redes sociales. De hecho, él mismo aseguró que su invento se había convertido en algo con lo que “cualquiera, desde su asiento podría contemplar toda la creación”. Es decir, pensó en que todo el mundo tuviera acceso a toda la información imaginable desde su casa, y utilizó términos como “red de conocimientos” o “enlace”, para describir su visión de un almacén donde se encontrara todo el conocimiento humano.

Pero Otlet fue más allá. En 1935, el Gobierno belga cedió un edificio para el proyecto y los dos visionarios contrataron a un gran número de trabajadores que daban servicio a cualquier ciudadano que les hiciera llegar por carta o telégrafo alguna consulta. Se convirtieron en algo similar, por tanto, a un buscador de Internet actual y recibían más de 1.500 consultas al año referentes a los temas más variados. Además, Otlet imaginó una especie de ordenador basado en papel, instalado en una plataforma móvil con ruedas que movería los papeles sobre la superficie de la mesa.

El crecimiento del Mundaneum provocó que cada vez hubiera más cantidad de papel y que, literalmente, inundara todo el espacio disponible. Por eso, Otlet imaginó una máquina que unía documentos utilizando links o enlaces simbólicos. Aunque esto pueda parecer obvio hoy día, en 1935 fue todo un descubrimiento conceptual. El pionero compiló todas sus ideas en su libro Cerebro, donde plasmó su concepto de cerebro mecánico colectivo capaz de almacenar toda la información del mundo accesible a través de una red global de telecomunicaciones.

Como véis, el poder de un “Google Humano” como Otlet fue capaz de adelantarse al desarrollo de décadas de tecnologías.

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2 comments to Un Google de 1910

  • José Luis Bustamante Saravia

    Saludos Miguel Ángel.

    Muy interesante reseña de lo que es un “google humano”, y a la vez muy instructivo para personas que ingresan a este mundo de la exploración de información.

    Fabulosa la historia, y claro, la realidad supera la fantasía.

    Un abrazo.

    José Luis Bustamante Saravia.

  • Gracias por el comentario José Luis. Yo mismo a veces me sorprendo lo que hay por ahí. Incluso podemos ir más atrás y pensar que la Biblioteca de Alejandría era un “Google” de la Grecia Helenística.

    Saludos.

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