Edúcate para informarte. Protégete contra el ruido.
Uno de los debates más candentes que existen sobre la gestión de la información digital es el de la “información” versus “ruido”.
Prueba de ello son estos recientes artículos de Eduardo Pedreño, del empresario Jesús Encinar, o del profesor Joaquín Borrego. Cada uno desde su punto de vista viene a decir lo mismo: qué maravillosa es la tecnología, que nos ha permitido mejorar, multiplicar y acelerar el acceso a información valiosa. Pero qué malvada es también la tecnología, que nos emite también más “ruido“, “información basura”.

Tampoco esto es nada nuevo. Yo lo dibujó Goya: “los sueños de la razón producen monstruos“.
Es decir, que por muy apocalíptico que suene esta “contaminación acústica”, tampoco hay por qué alarmarse. Mucho antes de que explotara Internet (en 1995, por cierto, hace nada) había ruido en abundancia en el mundo de la información. Son innumerables los periódicos que he leído que no me han aportado nada, las asignaturas que he cursado que solo me han servido para sacarme un título, las conversaciones intrascendentes que he tenido. Pero voy más allá, quizás el 80% de mi propia vida tampoco me ha aportado mucho a mi espíritu.
Soy un firme defensor del “Principio de Pareto“, ese que dice que más o menos el 20% de algo supone el 80% de su valor total. El 20% de todo lo que he leído supone el 80% de mi cultura. El 20% de mis amistades y familiares son el 80% de mis seres queridos. Y el 20% de mi trabajo supone el 80% de lo que aporto al mercado, a mi profesión, a mi tienda online, a mi trabajo.
En otras palabras, tenemos que aceptar el ruido. Forma parte de nuestro mundo. De nuestra existencia. La tecnología, como bien explica Jesús Encinar, lo único que ha hecho es multiplicarlo.
Por eso, como sostiene él y sostuve yo hace un par de años, una habilidad crítica en el mundo de hoy es discriminar aquella información que te es útil (Encinar las denomina con acierto “señales”) del ruido. Y eso se consigue simplemente con educación. Las escuelas tarde o temprano tendrán que enseñar a los niños a emplear la información. Los profesionales tarde o temprano tendrán que aprender a gestionar la información, pero no solo para sus organizaciones, sino también para sí mismos.
Tendremos que aprender conceptos, como que el 20% de nuestro trabajo informativo será el que aporte valor, lo que nos obligará a trabajar aún más duro porque sabremos que tendremos que pergueñar con mucho ruido. También tendremos que aprender a usar bien las aplicaciones informativas, es decir, no quedarnos en búsquedas simples en Google sino ir hacia herramientas más complejas como buscadores y bases de datos semánticas tipo Twine o Freebase. También tendremos que tener una actitud más proactiva hacia la gestión de la información, aprendiendo como está organizada para sacarle el máximo partido (aquí te ayudo a conseguirlo).
Finalmente, tendremos que hacernos todos un poco “Googles Humanos“, porque en mi opinión no hay mejor filtro para discriminar la información del ruido que un profesional educado y con experiencia.
ARTÍCULOS RELACIONADOS





























[...] con mi post de ayer sobre el ruido, y otro que escribí hace tiempo sobre la serendipia; ya es casualidad que hoy encuentre por [...]