Mi maestro y amigo Andrés Pérez Ortega ha cogido mis conceptos, les ha dado “una pensada”, y me los ha devuelto con enriquecidos con una idea de la que yo era consciente pero que no había expresado tan bien como él: la atomización de la información en Internet. Mejor que os lo diga él en sus propias palabras.

Llevo ya muchos años explorando información como para saber que las minas de oro del conocimiento se encuentran en el universo de los libros.

  1. Los libros, a diferencia de un post de un blog, y no digamos de un tweet, son fruto de meses de reflexión. Perdemos espontaneidad, novedad y experimentación, pero a cambio ganamos solidez, garantía y seguridad.
  2. Los libros siempre tendrán el mejor material porque no los escribimos para regalarlos (de nuevo, como un post o un tweet) sino para ganar dinero con ellos. Si pagas, tendrás la info “pata negra”.
  3. Los libros (sí, a diferencia de una web, un post o un tweet) se escriben para permanecer en el tiempo. Por eso organizan mejor la información, y seleccionan lo verdaderamente quedará con el paso de los años, no ideas que simplemente “están de moda”.

Por estas 3 razones los libros son cultura. Tú y yo moriremos, y ellos permanecerán. En cambio, ¿qué es Internet? Sí, una maravillosa experimentación, un medio revolucionario para hacer circular la información, pero no para leerla, organizarla y mucho menos asimilarla.

Una de las consecuencias más fatídicas de esta manera de trabajar con la información es la “atomización” que provoca Internet, que es justo lo que denuncia Andrés. Los contenidos se cortan, se sacan de contexto y se resumen hasta la raspa porque es la única manera de que encajen con la escasísima atención que soporta el lector medio de Internet, con lo coñazo que es todavía leer en pantalla, y con la brevedad que exigen los mensajes de los medios “interneteros”.

¿Resultado? Si quieres profundizar sobre un tema, recurriendo solo a Internet, te toca bucear webs, blogs y tweets. Y te recuerdo, información la mayoría gratuita, irreflexiva, que todavía no ha pasado el test del tiempo.

Con un ejemplo lo vas a entender mejor.

Actualmente me encuentro negociando con una red de emprendedores del País Vasco su incorporación a Crecer+, la plataforma de empresas de alto potencial de crecimiento que dirijo desde hace casi un año en Euskadi. ¿Qué tiene de maravillosa esta gente? Pues que están en todos los consejos de administración de las empresas vascas que más crecen, y sus técnicas, metodología y dinero están haciendo más por hacer surgir empresas valiosas que muchas subvenciones públicas y redes de business angels. En resumen, son el “dream team” y los quiero conmigo.

Ahora, este jueves, tras reunirme con 2 de ellos, me he dado cuenta de que son duros de pelar, de que no va a ser fácil incorporarlos a mi proyecto, y de que para meterme presión están usando argucias conmigo tipo “poli bueno, poli malo”. Por lo tanto, me di cuenta de que tenía que investigar técnicas de negociación para, al menos, poder tener alguna posibilidad de seducirles para que quieran incorporarse a Crecer+.

¿De dónde créeis que saqué la información? ¿De Google? ¿Del post de algún gurú? Pues no, del libro Secrets of Power Negotiating, de Roger Dawson, que descubría además gracias al libro “La semana laboral de 4 horas” de Tim Ferriss. Comprar el libro, leerlo sin ser molestado por otros hiperenlaces, y reflexionar me proporcionó 300 y pico páginas de materia prima para descubrir algunos trucos que estaban usando conmigo, y prepararme para el futuro contraataque, que será la semana que viene. Ese libro me ha dado algo más que información; me ha dado seguridad.

¿Cual hubiese sido la alternativa si hubiese usado solo Internet? Trocitos de información por allí y por allá, que hubiese tenido que seleccionar, resumir y asimilar. Seguramente no habría cubierto tan bien como Dawson todo el proceso de una negociación, y a lo mejor ni hubiera llegado a tiempo para mi próxima “batalla” con mi, espero, futuro equipo de cracks empresariales.

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